Y entonces, finalmente,
después de un largo día de conversaciones
más amplias que las calles por las que caminábamos,
llegábamos a casa
cansados,
nos metíamos bajo las cobijas, frías como nuestros labios
y mientras me abrazaba, decía:
Este es mi momento favorito del día, tengo sueño pero no quiero dormir, no quiero que se acabe nunca.
Y yo lloraba de felicidad,como ahora lloro de nostalgia.
(Source: nevver)





